Jordi Adell | SENTIMIENTO VISCERAL
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Blog

SENTIMIENTO VISCERAL

Editorial

“Ser feliz”, dice el candidato en una entrevista de selección de personal, ante la pregunta del psicólogo «¿Qué es lo que busca en la vida?»… Es una respuesta ingeniosa cree él y la pronuncia pausadamente mirando fijamente a su interlocutor, pero no sabe que acaba de apostar por la utopía. ¿Son nuestras empresas utópicas? La felicidad, aquella combinación del deseo que provoca la carencia, que desaparece y se esfuma de inmediato en su propio logro. Es en sí mismo una carencia eterna. Es la ausencia del dolor lo que comporta la sensación de placer, que se ignora no obstante cuando existe esta carencia… Muy complejo todo y cercano a las disquisiciones de los filósofos. Por cierto, la filosofía es una actividad que, mediante discursos y razonamientos, nos procura la vida feliz. Esta idea nació, probablemente, de los paseos del hedonista Epicuro, en su particular “Jardín”.

 

Muchos directivos de buen corazón piensan que es preciso crear espacios de felicidad en sus organizaciones. Si son felices, dicen, las personas se implicarán, rendirán más y además serán todavía más felices. “Les daremos una charla motivadora.”

 

Este razonamiento está lleno de practicidad aunque mantiene formas de apariencias altruistas.

 

Es cierto, nunca es suficiente la atención que dedicamos a las personas en lo que constituye su vida profesional, que es algo más de la mitad de su vida. De hecho nos cargamos de razón al pensar y sugerir que hace falta formar, motivar, pero nos olvidamos casi siempre de la principal causa de su desmotivación, de su deformación. Es nuestra actitud diaria y la poca consideración que tenemos del personal como seres humanos.

 

Pero eso “con un cursillo se arregla…” y a otra cosa.

 

Inútil intento de hacer las paces con uno mismo y con la organización, ya que, en el fondo, sabemos que todo el esfuerzo en la formación pretende enmascarar nuestra incapacidad para cambiar.

 

Se me han disparado los dedos tecleando este sentimiento visceral y casi olvido que estoy escribiendo en un medio de comunicación que sostiene la formación como punto de referencia de sus actuaciones. Es su razón de ser y en ella está centrada.

 

Estas páginas, querido lector, contienen elementos de reflexión para incitar a la formación de las personas. Quiere además aportar una chispa de provocación para que cambiemos nuestras propias actitudes. Orientarnos, no sólo a la visión técnica, sino pensar también en la vertiente relacional, humanista de la empresa.

 

Autores, profesores algunos, profesionales todos, nos enseñan, nos provocan a que analicemos nuestro entorno cercano y añadamos un punto de mejora en nuestras vidas profesionales.
Permítanme soñar, visceralmente, que poco a poco, vamos avanzando en nuestra propia felicidad, en la búsqueda de esta utopía colectiva.

 

Buena lectura.